¿Convivencia o conquista? Así fue el choque entre los últimos cazadores y los primeros agricultores
¿Qué ocurrió cuando los primeros agricultores llegaron a tierras habitadas por cazadores? Un modelo matemático revela el drama oculto tras la mayor transformación de la humanidad de la prehistoria.
Por Enrique Coperías
La transición de un modo de vida basado en la caza y la recolección a otro sustentado en la agricultura tuvo lugar en el Neolítico. Un nuevo estudio analiza cómo pudo suceder en tres escenarios geográficos diferentes. Imagen generada con Gemini
Hace unos diez mil años, en diversos rincones del planeta, comunidades humanas comenzaron a abandonar la vida nómada de caza y recolección para adoptar una nueva forma de subsistencia: la agricultura. Este cambio, conocido como la transición al Neolítico, marcó el inicio de profundas transformaciones sociales, culturales y ecológicas. Pero ¿qué ocurrió cuando los primeros agricultores se encontraron con los últimos cazadores-recolectores? ¿Fue una transición pacífica o conflictiva? ¿Hubo convivencia o sustitución?
Estas preguntas son el punto de partida de un artículo científico publicado en la revista PNAS por un equipo internacional sde investigadores encabezado por Alfredo Cortell-Nicolau, del Departamento de Comportamiento Humano, Ecología y Cultura, en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Alemania).
El estudio propone una original manera de abordar estas dinámicasen la prehistoria a través de modelos matemáticos inspirados en la ecología, más concretamente en el modelo de Lotka-Volterra, tradicionalmente usado para describir la interacción entre especies que compiten por recursos.
Un abanico de escenarios posibles
El modelo desarrollado por los autores simula la evolución de dos poblaciones humanas —cazadores-recolectores y agricultores— que comparten un mismo espacio geográfico y compiten por recursos. Incluye parámetros clave como la tasa de crecimiento de cada grupo, la migración de nuevos agricultores, el impacto negativo de la competencia (que puede traducirse en mortalidad, desplazamiento o declive demográfico) y la posibilidad de que los forrajeros adopten prácticas agrícolas, un proceso que el modelo traduce como asimilación.
A través de esta herramienta, el equipo exploró una amplia gama de escenarios posibles, y luego la aplicó a tres regiones con trayectorias arqueológicas muy distintas: la costa oriental de Iberia, Dinamarca y la isla japonesa de Kyushu.
Para cada caso, el modelo fue ajustado a los datos arqueológicos disponibles, principalmente dataciones por radiocarbono asociadas a contextos agrícolas y forrajeros, con el objetivo de reconstruir la dinámica demográfica durante los primeros siglos de contacto entre ambos grupos.
Iberia = transición rápida; Dinamarca = transición lenta
En el caso de Iberia, los resultados apuntan a una transición rápida. En unos trescientos años, los agricultores no solo superan en número a los cazadores-recolectores locales, sino que estos últimos prácticamente desaparecen. Esta dinámica sugiere que la llegada de los agricultores fue decisiva y poco contestada, con escasa integración cultural entre ambos grupos.
Estos hallazgos coinciden con teorías arqueológicas previas que plantean un proceso de neolitización veloz y de base marítima, impulsado por grupos de colonos que trajeron consigo prácticas agrícolas desde el Mediterráneo oriental.
En Dinamarca, el panorama fue diferente. Allí, la transición fue mucho más prolongada, con una coexistencia de hasta ochocientos años en algunos escenarios. Incluso al final del período analizado, los cazadores-recolectores seguían presentes en una proporción significativa en cerca de la mitad de las simulaciones.
El caso de Japón
Esta situación sugiere interacciones más complejas: mayor integración, quizá una resistencia cultural más fuerte o simplemente condiciones que favorecieron la coexistencia. También podría reflejar la movilidad interna de los agricultores, que en este caso pudieron haber ido ocupando el territorio de forma más gradual y estratégica.
La isla japonesa de Kyushu ofrece un caso intermedio, pero con sus particularidades. Aunque la población agricultora terminó imponiéndose, el proceso estuvo marcado por una fuerte caída inicial de los cazadores-recolectores y un bajo nivel de asimilación.
A esto se suma un crecimiento lento de la población agricultora, posiblemente debido a las dificultades ambientales para el cultivo de arroz en ciertas zonas. De hecho, en algunos momentos del primer milenio antes de Cristo se documentan regresiones temporales a modos de vida forrajeros, esto es, de cazadores-recolectores, lo que apunta a una dinámica más fluctuante que en los otros dos casos.
El nuevo estudio revela que los seres humanos no fueron espectadores pasivos en la transición a la agricultura, sino agentes activos cuyo crecimiento y competencia demográfica influyeron decisivamente en su desarrollo. Imagen generada con DALL-E
La expansión de la agricultura
Tras aplicar el modelo a estos tres contextos arqueológicos tan distintos, el equipo observó patrones comunes y diferencias significativas que ayudan a matizar nuestra comprensión de cómo se desarrolló la transición a la agricultura en distintas partes del mundo.
«Nuestro estudio ofrece una nueva perspectiva sobre las sociedades prehistóricas —dice Javier Rivas, del Departamento de Economía de la Universidad de Bath, en el Reino Unido, y coautor del estudio. Y añade—: Al ajustar estadísticamente nuestro modelo teórico de tipo depredador-presa a dinámicas de población inferidas a partir de dataciones por radiocarbono, pudimos explorar cómo el crecimiento poblacional moldeó la historia y descubrimos patrones interesantes —como la forma en que la expansión agrícola, ya fuera por tierra o por mar, influenció las interacciones entre distintos grupos. Más importante aún, nuestro modelo resalta el papel de la migración y la mezcla cultural en el auge de la agricultura”.
En palabras de Rivas, «esperamos que los métodos que hemos desarrollado acaben convirtiéndose en una herramienta estándar para entender cómo interactuaron las poblaciones en el pasado, y ofrezcan nuevas claves sobre otros momentos históricos cruciales, no solo el paso a la agricultura».
Aplicable a los neandertales o la gente de la Edad del Bronce
Uno de los principales aportes del estudio es que demuestra cómo estas transiciones pueden explicarse, en buena parte, por dinámicas internas de competencia demográfica, sin necesidad de invocar necesariamente factores externos como el clima o las innovaciones tecnológicas.
El propio encuentro entre grupos humanos con diferentes modos de vida, tamaños poblacionales y estrategias de subsistencia genera una diversidad de resultados posibles, que pueden observarse en los registros arqueológicos.
Los autores también destacan que su modelo puede aplicarse a otros contextos históricos donde dos grupos humanos compiten por el mismo espacio, como la expansión de los humanos modernos frente a los neandertales, los movimientos de población en la Edad del Bronce o la difusión de determinadas culturas neolíticas en Europa. En todos estos casos, el modelo permite explorar distintos desenlaces según cómo se ajusten los parámetros.
El ABC de los datos arqueólogicos
Desde el punto de vista técnico, el modelo parte de una base conocida y ampliamente usada en biología, pero adaptada al estudio de poblaciones humanas. Considera seis parámetros fundamentales: tasas de crecimiento de ambas poblaciones, tasas de mortalidad derivadas de la competencia, migración de agricultores, proporción de asimilación de cazadores-recolectores y la relación inicial de tamaños entre los grupos. A partir de esos valores, genera curvas que simulan cómo evolucionarían las poblaciones a lo largo del tiempo.
Para estimar los valores más probables de estos parámetros en cada caso de estudio, los investigadores usaron una técnica estadística llamada Approximate Bayesian Computation (ABC). Esta es un método estadístico utilizado cuando los modelos que queremos analizar son tan complejos que resulta imposible calcular sus probabilidades exactas. En lugar de resolver las ecuaciones directamente, ABC simula una gran cantidad de posibles escenarios usando diferentes valores de los parámetros del modelo, y luego compara los resultados simulados con los datos reales disponibles.
En el caso de este estudio, la ABC permitió comparar los resultados del modelo con los datos arqueológicos reales y ajustar los parámetros hasta encontrar las mejores coincidencias.
Cuando las matemáticas hablan
El equipo concluye que las interacciones demográficas son un componente crucial —y a menudo subestimado— en los procesos de cambio cultural. Al poner el foco en la evolución conjunta de poblaciones humanas que compiten o se integran, este tipo de modelos ofrece una nueva vía para interpretar los grandes cambios de la prehistoria.
Más allá de los tres casos estudiados, la verdadera potencia del modelo reside en su capacidad para adaptarse a otros contextos y en su invitación a incorporar herramientas de modelado dinámico en la investigación arqueológica. Si bien la arqueología ha avanzado enormemente gracias a la genética, la datación y el estudio de materiales, aún queda un amplio campo por explorar desde el análisis cuantitativo y la simulación computacional.
Comprender el pasado, nos dicen los autores, requiere también entender cómo cambian las poblaciones en el tiempo. Y para eso, las matemáticas pueden ser nuestras aliadas. ▪️
Fuente: A. Cortell-Nicolau, J. Rivas, E. R. Crema, S. Shennan, O. García-Puchol, J. Kolář, R. Staniuk & A. Timpson. Demographic interactions between the last hunter-gatherers and the first farmers. PNAS (2025). DOI: https://doi.org/10.1073/pnas.2416221122