Resuelto el enigma de las crías «fantasma» de ballena azul

¿Por qué casi nunca se han visto nacimientos de la majestuosa ballena azul, el animal más grande del planeta? Un nuevo estudio revela el intrigante secreto detrás de este misterio marino.

Por Enrique Coperías

Asistir al parto de una ballena azul es un fenómeno que ha sido documentado en contadas ocasiones y ver a la madre nadando junto a la cría también ocurre con cuentagotas. Una nueva investigación cree haber dado con la clave. Imagen generada con Grok

A lo largo de la historia de la humanidad, solo se han documentado dos nacimientos de ballena azul (Balaenoptera musculus), y ambos ocurrieron hace décadas. Este hecho representa un enigma fascinante, especialmente si se considera que, antes de la caza comercial, existían cientos de miles de ballenas azules. Incluso hoy, la población mundial se estima entre 10.000 y 25.000 ejemplares, y cada hembra da a luz cada dos o tres años.

Los nacimientos de ballena azul no solo son sumamente discretos, sino que las crías son vistas con mucha menos frecuencia de lo que cabría esperar, dadas las tasas de embarazo. Aunque es habitual observar a las crías nadando cerca de sus madres, formando dúos madre-cría, sigue siendo un misterio por qué se detectan tan pocas.

Un estudio reciente de la Universidad de Washington, en Estados Unidios, publicado en la revista Endangered Species Research, ofrece una posible respuesta. Esta investigación propone una hipótesis sobre el momento y el lugar en que ocurren estos nacimientos prácticamente invisibles, así como sobre las zonas donde las crías pasan sus primeros meses de vida.

Estudios de las ballenas en verano

Los hallazgos brindan un rayo de esperanza para la salud de la población de ballenas azules.

Trevor Branch, catedrático de Ciencias Acuáticas y Pesqueras de la Universidad de Washington, lideró el estudio con el objetivo de resolver este misterio. Tras analizar diversas hipótesis, Branch concluye que una explicación destaca sobre las demás: los investigadores suelen estudiar a las ballenas azules en verano, cuando estas se agrupan en zonas de alimentación, pero los nacimientos ocurren en otoño e invierno, y las crías se destetan antes de que regresen a dichas áreas.

Durante el verano, estos mamíferos de entre 24 y 27 metros de longitud y hasta 120 toneladas de peso migran hacia aguas frías ricas en kril, como las que se encuentran frente a la costa de California. En invierno, cuando están listas para dar a luz, retornan a regiones más cálidas, como el Golfo de California y el Pacífico tropical oriental. Aproximadamente siete meses después, las crías, que ya alcanzan unos impresionantes 16 metros de longitud, son destetadas y dejan de permanecer junto a sus madres.

Sin embargo, un dato llama la atención: en algunas poblaciones de ballenas azules, las tasas de embarazo anuales oscilan entre el 33% y el 50%, lo que contrasta con la escasa tasa promedio del 3,1% de avistamientos que incluyen parejas de madre y cría.

En el lugar inadecuado

Al comparar esta hipótesis de sincronización con otras posibles explicaciones, como la baja supervivencia fetal, la escasa supervivencia de las crías, las reducidas tasas de natalidad o la separación prematura entre madre y cría, Branch descubrió que su hipótesis era la que mejor se ajustaba a los patrones observados.

«Mi modelo conceptual puede explicar el misterio de las crías desaparecidas: las ballenas azules dan a luz poco después de dejar sus zonas de alimentación de verano y destetan a sus crías siete meses más tarde, justo antes de regresar», dice Branch en un comunicado de la Universidad de Washington.

Este hallazgo explicaría por qué los investigadores, que en su mayoría realizan estudios de campo durante los meses de verano, raramente observan madres acompañadas de sus crías.

Una madre y su cría nadan juntas en el golfo de California en Baja California, en México, uno de los lugares de aguas cálidas donde las ballenas azules pasan sus meses de invierno.

Una madre y su cría nadan juntas en el golfo de California en Baja California, en México, uno de los lugares de aguas cálidas donde las ballenas azules pasan sus meses de invierno. Cortesía: Diane Gendron/Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas - Instituto Politécnico Nacional

Para sostener esta hipótesis, Branch recopiló datos de estudios de campo a largo plazo y los combinó con información biológica extraída de registros históricos de la caza ballenera. De este modo, identificó una mayor proporción de crías en las regiones invernales y una menor en las estivales.

Actualmente, este biólogo lidera una extensa colaboración internacional para validar su propuesta mediante el análisis de datos mensuales de cada región y estimaciones del crecimiento de las crías.

Un escenario más optimista

Una de las principales inquietudes derivadas de la escasa observación de crías era que esto indicara bajas tasas de natalidad o problemas en la supervivencia infantil. Sin embargo, la nueva hipótesis plantea un escenario más optimista: sería posible avistar un mayor número de crías si se intensificaran los estudios de campo en las zonas a las que migran las ballenas azules durante el invierno y la primavera.

«Esta nueva idea ofrece una explicación alternativa de por qué algunas poblaciones de ballena azul parecen producir muy pocas crías: no se trata de un fallo en la reproducción, sino de que la investigación, comprensiblemente, se ha concentrado en las zonas de alimentación estival, que son más accesibles», concluye Branch. ▪️

  • Información facilitada por la Universidad de Washington

  • Fuente: Trevor A. Branch. Timing hypothesis explains the mystery of the missing blue whale calves. Endangered Species Research (2024). DOI: 10.3354/esr01383

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