La violencia «marca» los genes humanos durante generaciones

Las cicatrices de la guerra no solo se graban en la memoria, sino también en el ADN. Un estudio revela cómo el trauma de la masacre de Hama dejó una huella genética en generaciones de sirios que jamás vivieron la violencia.

Por Enrique Coperías

El presidente de Siria, Hafez al-Asad, implementó una estrategia de tierra quemada en la ciudad de Hama con el objetivo de aplastar una revuelta suní liderada por los Hermanos Musulmanes en contra de su régimen.

El presidente de Siria, Háfez al-Ásad, implementó una estrategia de tierra quemada en la ciudad de Hama con el objetivo de aplastar una revuelta suní liderada por los Hermanos Musulmanes en contra de su régimen. La huella de la violencia con la que se empleó ha quedado impresa en los genes de los afectados y sus descendientes.

En 1982, el Gobierno sirio, con su presidente Háfez al-Ásad al mando, llevó a cabo una de las represiones más sangrientas de su historia, a fin de sofocar una revuelta de la comunidad suní. Durante el asedio de Hama, entre 2.000 y 10.000 ciudadanos, según las estimaciones más fiables, fueron asesinados en un acto de violencia sectaria.

Cuatro décadas después, la memoria de la masacre sirvió de inspiración para los rebeldes que intentaron derrocar a la familia Assad, responsable de la brutal operación.

Pero las cicatrices de ese ataque no solo permanecen en la historia y la política del país. También han quedado impresas en los genes de las familias sirias. Un nuevo estudio revela que los nietos de mujeres embarazadas durante el asedio de Hama—quienes nunca experimentaron la violencia en carne propia—llevan, sin embargo, marcas de ese trauma en su ADN.

El impacto del trauma en el ADN

Transmisible a través de las madres, esta huella genética ofrece la primera evidencia humana de un fenómeno hasta ahora observado solo en animales: la transmisión genética del estrés a través de generaciones.

«La idea de que el trauma y la violencia pueden tener repercusiones en generaciones futuras debería fomentar la empatía y hacer que los responsables de políticas públicas presten más atención al problema de la violencia —dice Connie Mulligan, profesora de Antropología y Genética en la Universidad de Florida (Estados Unidos) y autora principal del estudio, en un comunicado de esta institución. Y añade—: Incluso podría ayudar a explicar algunos de los aparentemente inquebrantables ciclos intergeneracionales de abuso, pobreza y trauma que vemos en todo el mundo, incluido Estados Unidos".

Si bien nuestras experiencias no modifican directamente nuestros genes, sí pueden influir en su expresión a través de la epigenética. Este mecanismo permite que nuestras células añadan pequeñas marcas químicas a los genes en respuesta a situaciones de estrés traumático o eventos extremos.

El estrés puede transmitirse genéticamente

Estas modificaciones pueden silenciar o alterar el comportamiento de los genes afectados, lo que facilita la adaptación a entornos hostiles. Sin embargo, los efectos de estos cambios aún no se comprenden completamente.

El equipo de Mulligan se enfocó en identificar estas huellas epigenéticas en familias sirias. Aunque estudios previos en animales han demostrado que el estrés puede transmitirse genéticamente, demostrarlo en humanos ha sido un desafío.

Para realizar este estudio, Mulligan contó con la ayuda de Rana Dajani, bióloga molecular de la Universidad Hashemita de Jordania, y Catherine Panter-Brick, antropóloga de la Universidad de Yale. Juntas, rastrearon los efectos del trauma en tres generaciones de inmigrantes sirios en Jordania.

ADN de abuelas y madres embarazadas

Las tres investigadoras recolectaron muestras de ADN de abuelas y madres que estuvieron embarazadas durante la masacre de Hama o la guerra civil siria, que comenzó en 2011, así como de sus hijos. Este diseño permitió analizar cómo la violencia afectó a cada generación en distintas etapas del desarrollo.

Además, incluyeron a un grupo de control compuesto por familias sirias que emigraron a Jordania antes de 1980, y que por tanto evitaron décadas de conflicto. Comparar su ADN con el de las familias expuestas al estrés extremo permitió evaluar los efectos directos de la violencia.

Dajani, ella misma hija de refugiados, trabajó estrechamente con la comunidad siria en Jordania para generar confianza en el proyecto. Como resultado, recolectó muestras de la mucosa bucal de 138 personas pertenecientes a 48 familias.

El diseño del estudio permite comparar la exposición a la violencia y las marcas epigenéticas en los genomas.

El diseño del estudio permite comparar la exposición a la violencia y las marcas epigenéticas en los genomas. Cortesía: Connie Mulligan

Las cicatrices genéticas del conflicto

«Las familias quieren que su historia sea contada. Quieren que sus experiencias sean escuchadas —señala Mulligan—. Trabajamos con cada familia que era candidata para el estudio.

De vuelta en Florida, el laboratorio de Mulligan analizó el ADN en busca de modificaciones epigenéticas vinculadas a la violencia. Los resultados fueron impactantes.

En los nietos de los sobrevivientes de la masacre de Hama, se encontraron catorce regiones del genoma modificadas en respuesta al trauma de sus abuelas. Estas alteraciones confirman que los cambios epigenéticos inducidos por el estrés pueden transmitirse a generaciones futuras, tal como ocurre en los animales.

Un envejecimiento epigenético acelerado

El estudio también identificó veintiún sitios epigenéticos alterados en personas que vivieron la guerra civil siria. Un tercer hallazgo reveló que las personas expuestas a violencia intrauterina mostraban signos de envejecimiento epigenético acelerado, un proceso que podría aumentar la susceptibilidad a enfermedades relacionadas con la edad.

La mayoría de estos cambios epigenéticos seguían un patrón común, lo que sugiere una respuesta biológica universal al estrés extremo. Esta evidencia refuerza la teoría de que la violencia no solo afecta a quienes la experimentan directamente, sino que también deja una marca en sus descendientes.

«Nuestro estudio no solo es relevante para los refugiados —explica Mulligan. Y continúa—: También tiene implicaciones en casos de violencia doméstica, violencia sexual y violencia armada, como las que vemos en Estados Unidos. Es un problema que debemos estudiar con más seriedad».

La diabetes, en el punto de mira

Aún no se sabe con certeza qué impacto tienen estas modificaciones epigenéticas en la vida de quienes las llevan en su genoma. Sin embargo, investigaciones previas han vinculado los cambios epigenéticos inducidos por el estrés con enfermedades crónicas como la diabetes.

Un caso famoso es el de los sobrevivientes de la hambruna holandesa durante la Segunda Guerra Mundial. Estudios sugieren que sus hijos presentaban alteraciones epigenéticas que aumentaban el riesgo de obesidad en la edad adulta. Si bien muchas de estas modificaciones genéticas pueden no tener consecuencias, algunas podrían afectar la salud a largo plazo.

Los hallazgos de este estudio, financiado por la National Science Foundation, han sido publicados en la revista científica Scientific Reports.

Resiliencia, la otra cara de la historia

Mientras documentaban las huellas genéticas del trauma, Mulligan y su equipo se quedaron impactados por la resiliencia de las familias sirias.

«La historia de estas personas va mucho más allá de simplemente sobrevivir a la guerra —comenta Mulligan. Y añade—: En medio de tanta violencia, siguen adelante con vidas plenas y productivas, conservan sus tradiciones y forman nuevas generaciones».

Esa capacidad de resistir y perseverar, concluye Mulligan, es posiblemente uno de los rasgos más exclusivos de los seres humanos. ▪️

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