Las moscas macho que beben alcohol parecen más sexis para las hembras
En el mundo diminuto de las moscas de la fruta, una copa de alcohol no es solo un placer... es una estrategia de seducción. Un nuevo estudio revela cómo el metanol convierte a los machos en irresistibles galanes al potenciar sus feromonas.
Por Enrique Coperías
Un chupito de alcohol hace que las moscas macho resulten más atractivas para las hembras en el cortejo de apareamiento, según un nuevo estudio. Ilustración generada con DALL-E
La Drosophila melanogaster, también conocida como la mosca de la fruta o del vinagre, es un pequeño insecto que prolifera en contenedores de residuos orgánicos en verano y en las secciones de frutas y verduras de los supermercados durante días calurosos.
Lo que la atrae no es simplemente la fruta en sí, sino el aroma de la fermentación alcohólica provocada por microorganismos —principalmente levaduras— que metabolizan los azúcares y producen etanol y metanol. Por ello, la fruta en descomposición contiene cantidades significativas de alcohol.
Aunque el consumo excesivo de alcohol es perjudicial para los seres humanos, en insectos como la mosca del vinagre sus efectos han sido menos claros. Una reciente investigación llevada a cabo por biólogos del Instituto Max Planck de Ecología Química, en Alemania, aporta una perspectiva revolucionaria: lejos de tratarse de una conducta comparable al abuso de sustancias o a un mecanismo para superar el rechazo amoroso —como se había propuesto en estudios anteriores—, la atracción de las moscas hacia el alcohol parece tener una razón evolutiva poderosa.
El metanol, un potenciador de feromonas
«En nuestros experimentos, mostramos un efecto directo y positivo del consumo de alcohol sobre el éxito reproductivo de los machos —afirma Ian Keesey, autor principal del estudio, en un comunicado del Instituto Max Planck de Ecología Química. Y añade—: El efecto se debe a que el alcohol, especialmente el metanol, incrementa la producción de feromonas sexuales. Esto vuelve a los machos alcohólicos más atractivos para las hembras, y garantiza una mayor tasa de apareamiento, mientras que el éxito de los hombres ebrios con las mujeres probablemente sea más dudoso».
El estudio demuestra que el contacto con frutas fermentadas, ricas en metanol y etanol, aumenta significativamente los niveles de feromonas sexuales en los machos, especialmente de ésteres metílicos de ácidos grasos, como el metil laurato, el metil miristato y el metil palmitato.
Estos compuestos son claves en el comportamiento de cortejo, ya que activan receptores olfativos específicos en las hembras y están relacionados con un menor tiempo de latencia en la cópula y un mayor éxito reproductivo.
El alcohol aumenta el atractivo sexual de las moscas de la fruta macho al estimular la producción de feromonas sexuales. Esto se traduce en un mayor éxito de apareamiento para los machos tras consumir ciertas cantidades de alcohol. Cortesía: Anna Schroll
Circuitos neuronales para equilibrar atracción y riesgo
Este aumento de feromonas se produce solo si los machos tienen contacto directo con fuentes naturales de alcohol, como frutas cítricas en fermentación, que atrae a estas moscas como un imán. «Los machos expuestos a naranjas fermentadas superaron en éxito de apareamiento significativamente a sus rivales alimentados con dietas estándar», señalan los autores.
También han observado que los machos vírgenes mostraban una mayor atracción y consumo de metanol que los que ya se habían apareado, lo que apunta a un vínculo entre el estado fisiológico y la motivación hacia el consumo de alcohol.
Desde el punto de vista neurobiológico, el equipo identificó tres circuitos neuronales olfativos que procesan la detección de alcoholes y permiten a estos pequeños dípteros realizar una evaluación de riesgo-beneficio.
Ian Keesey estudia las moscas de la fruta. El investigador llevó a cabo sus estudios en Jena (Alemania), y actualmente es profesor de Neurobiología del Comportamiento en la Universidad de Nebraska-Lincoln (UNL), en la Facultad de Ciencias Biológicas (SBS). Crédito: Anna Schroll
Receptores de atracción y aversión
Los receptores Or42b y Or59b, localizados en las antenas, detectan concentraciones bajas de alcohol y provocan atracción. En cambio, el receptor Or42a, ubicado en las palpas maxilares, se activa ante concentraciones elevadas de metanol y genera aversión.
«Lo distintivo de nuestros hallazgos es que descubrimos no solo uno, sino tres circuitos neuronales que se equilibran mutuamente en esta evaluación del riesgo —explica Keesey. Y añade—: Esto indica que las moscas disponen de un mecanismo de control que les permite aprovechar los beneficios del alcohol sin correr el riesgo de intoxicarse».
Este diseño neurosensorial permite que las moscas prefieran entornos moderadamente fermentados —más ricos en recursos y oportunidades reproductivas—, pero eviten niveles tóxicos de alcohol. De hecho, los experimentos mostraron que mientras una exposición al 3% de metanol era inocua, una al 15% resultaba letal en pocas horas.
En palabras de Keesey, «que distintas vías neuronales con valencia opuesta para el mismo olor se combinen para equilibrar la atracción y la aversión en función del estado fisiológico es una rareza».
Importancia ecológica y evolutiva
La investigación no solo profundiza en el comportamiento de cortejo, sino que aporta evidencia de que la Drosophila melanogaster ha evolucionado para aprovechar los subproductos de la fermentación.
La detección de alcoholes mediante rutas olfativas especializadas y la capacidad de transformar metanol en feromonas representan una adaptación evolutiva refinada a los ambientes ricos en frutas en descomposición.
«El estudio proporciona una de las primeras explicaciones completas sobre la atracción al alcohol en un organismo modelo, abarcando desde la química hasta la ecología, y del cerebro al comportamiento y viceversa», afirma Bill Hansson, director del Departamento de Neuroetología Evolutiva en el Max Planck.
La investigación también resalta que muchos experimentos previos pasaron por alto la influencia de entornos naturales en la fisiología de las moscas, ya que los laboratorios suelen criarlas con dietas artificiales que no promueven la producción de estas feromonas. Al usar frutas fermentadas, los investigadores revelaron un potencial oculto en estas señales químicas, abriendo nuevas vías para comprender la comunicación animal y la selección sexual. ▪️
Información facilitada por el Max Planck Institute for Chemical Ecology
Fuente: Ian W. Keesey et al. Neuroecology of alcohol risk and reward: Methanol boosts pheromones and courtship success in Drosophila melanogaster. Science Advances (2025). DOI: 10.1126/sciadv.adi9683