El meteorito que desafió al espacio: Aguas Zarcas revela secretos del Sistema Solar
Una roca procedente del cinturón de asteroides cruzó el cielo costarricense tras dos millones de años vagando por el espacio. Lo que trajo consigo podría reescribir parte de lo que sabemos sobre el origen de nuestro sistema solar.
Por Enrique Coperías
Meteorito de Aguas Zarcas con características superficiales irregulares. Esta roca de 146 g es un préstamo de Michael Farmer al Buseck Center for Meteorite Studies. Cortesía: Arizona State University / SETI Institute
En abril de 2019, una lluvia de raros meteoritos primitivos sorprendió a los habitantes del pueblo de Aguas Zarcas, en el norte de Costa Rica. En un artículo publicado en Meteoritics & Planetary Science, un equipo internacional de científicos detalla ahora los eventos de la caída y demuestra que los llamados meteoritos de bola de barro no son necesariamente frágiles.
«Se recuperaron veintisiete kilos de rocas, lo que convierte esta caída de material extraterrestre en la mayor de su tipo desde que meteoritos similares impactaron cerca de Murchison, en Australia, en 1969», afirma Peter Jenniskens, astrónomo del Instituto SETI y del Centro de Investigación Ames de la NASA.
El meteorito de Murchison, una condrita carbonácea tipo II (CM2) que contenía aminoácidos comunes como la glicina, alanina y ácido glutámico, cayó apenas dos meses después de la llegada del hombre a la Luna, en un momento en que la comunidad científica estaba preparada para analizarlas rocas lunares; de hecho, entrenó con impaciencia sus instrumentos en la roca costarricense.
El bólido impactó contra una vivienda
«La recuperación de Aguas Zarcas fue, al igual que en 1969, un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la meteórica —comenta Gerardo Soto, geólogo de la Universidad de Costa Rica, parafraseando las icónicas palabras de Neil Armstrong. Y añade—: Desde entonces, se han publicado 76 artículos científicos sobre este meteorito».
Jenniskens colaboró con Soto para estudiar en profundidad el bólido sobrevoló varias localidades de Costa Rica y fue visto por centenares de personas en distintos puntos en el momento de entrar en la atmósfera terrestre, hasta impactar en una vivienda en la localidad de Aguas Zarcas.
«El evento fue una gran noticia en Costa Rica. Ninguna otra bola de fuego había sido tan reportada y, posteriormente, recuperada como fragmentos en tierra en los últimos 150 años», comenta Soto.
Captura del bólido por la cámara de vigilancia volcánica de la Red Sismológica Nacional en el volcán Turrialba el día 23 de abril. Cortesía: Universidad de Costa Rica /Revista Geológica de América Central / DOI: http://dx.doi.org/10.15517/rgac.v61i0.40085
Se desintegró a unos 25 kilómetros de altitud
El análisis de las grabaciones de cámaras de seguridad permitió al equipo determinar que la roca ingresó a la atmósfera terrestre desde el oeste-noroeste, en un ángulo casi vertical y a una velocidad de 14,6 kilómetros por segundo. A pesar del intenso calor generado por la fricción, que derritió gran parte de su superficie, el meteorito mostró sorprendentemente pocos signos de fragmentación.
«Penetró profundamente en la atmósfera, hasta que la masa restante se desintegró a unos 25 kilómetros de altitud —precisa Jenniskens. Y añade—: Allí produjo un destello luminoso lo suficientemente intenso como para ser detectado por satélites en órbita».
La naturaleza también jugó a favor de los científicos: el meteorito cayó al final de una inusualmente larga estación seca en Costa Rica, lo que facilitó su recolección y conservación.
Como bolas de barro
«La caída en Aguas Zarcas produjo una colección impresionante de piedras con costras de fusión y una gran variedad de formas —destaca Laurence Garvie, coautor del estudio y experto en meteoritos del Centro Buseck de Estudios de Meteoritos en la Universidad Estatal de Arizona. Y continúa—: Algunas piedras presentan una hermosa iridiscencia azul en su costra».
Muchas de las piezas permanecieron intactas al caer sobre la suave vegetación de la selva y praderas, lo que preservó su estructura original. Los científicos se sorprendieron por sus formas irregulares, moldeadas por la ablación atmosférica, y la ausencia de las superficies planas que suelen indicar fragmentación secundaria.
«Este tipo de meteoritos suele describirse como bolas de barro, ya que contienen minerales con alto contenido de agua —explica Jenniskens. Y añade—: Sin embargo, eso no implica que sean estructuralmente frágiles».
Cuándo se separó de su mamá asteroide
El equipo concluyó en su artículo que Aguas Zarcas es un meteorito especialmente resistente, posiblemente porque no experimentó colisiones en el espacio, y por tanto no desarrolló grietas que suelen debilitar a otras rocas cósmicas.
«La última colisión que sufrió esta roca ocurrió hace unos dos millones de años», señala Kees Welten, cosmoquímico de la Universidad de California en Berkeley.
Welten y su equipo analizaron la exposición del meteorito a los rayos cósmicos, para calcular cuánto tiempo había pasado desde que se desprendió de su asteroide madre.
Su tamaño al entrar en la atmósfera era de 60 centímetros
«Sabemos de otros meteoritos similares al de Murchison que se separaron en el mismo evento —explica Welten—. Pero la mayoría se fragmentaron mucho más recientemente».
Según el equipo, la roca tenía unos 60 centímetros de diámetro al entrar en la atmósfera. A partir de su trayectoria, lograron rastrear su origen hasta el cinturón de asteroides. Este es una región del Sistema Solar ubicada entre las órbitas de Marte y Júpiter, donde se concentra una gran cantidad de asteroides, cuerpos rocosos de diversos tamaños y formas.
Se cree que estos asteroides son restos de la formación del Sistema Solar, que no lograron unirse para formar un planeta debido a la influencia gravitacional de Júpiter. El cinturón de asteroides contiene millones de objetos, desde pequeños fragmentos hasta cuerpos de cientos de kilómetros de diámetro. El asteroide más grande conocido es Ceres, que es considerado un planeta enano.
Indicios del impacto de fragmentos del meteorito en la zona de Aguas Zarcas. Cortesía: Universidad de Costa Rica /Revista Geológica de América Central / DOI: http://dx.doi.org/10.15517/rgac.v61i0.40085
Proviene de las regiones exteriores del cinturón principal
Por último, hay que señalar que los asteroides del cinturón se clasifican en diferentes tipos según su composición, como los asteroides carbonáceos (tipo C), los asteroides de silicatos (tipo S) y los asteroides metálicos (tipo M).
De hecho, los análisis químicos e isotópicos realizados por las universidades de Costa Rica, Arizona y Nuevo México, entre otras, junto con el estudio de sus características texturales y geoquímicas, han permitido clasificar al bólido de Aguas Zarcas como un condrito carbonáceo pétreo del tipo CM2. Este tipo se caracteriza por la presencia de minerales hidratados incrustados en una matriz fina, componentes con carbón y sulfuros ricos en níquel, y una composición general —incluida la isotopía del oxígeno— notablemente similar a la del material solar primitivo.
«Este objeto provino de un asteroide más grande, ubicado en las regiones exteriores del cinturón principal —precisa Jenniskens. Y concluye—: Tras liberarse, vagó durante dos millones de años por el espacio hasta impactar con el pequeño blanco que es la Tierra, sin sufrir fracturas».
Gracias a su estructura resistente y a su entrada en un ángulo pronunciado, una parte considerable del meteorito logró sobrevivir al paso atmosférico y alcanzar la superficie de nuestro planeta. ▪️
Información facilitada por el SETI Institute
Fuente: Peter Jenniskens, Gerardo J. Soto et al. Orbit, meteoroid size, and cosmic ray exposure history of the Aguas Zarcas CM2 breccia. Meteoritics and Planetary Science (2025). DOI: 10.1111/maps.14337