Descubierta una mosca con una «careta» de termita que se infiltra en los termiteros para hacer vida social
Un equipo internacional de científicos ha descubierto una especie de mosca azul cuyas larvas se infiltran entre las termitas, hazaña que logran imitando su aspecto y olor. Este hallazgo revela un nuevo tipo de simbiosis o parasitismo social en la naturaleza.
Por Enrique Coperías
Esta larva de mosca azul mira a cámara mostrando su máscara de termita en el momento de ser descubierta en un termitero en el Anti-Atlas de Marruecos. Crédito: Roger Vila
La naturaleza está llena de impostores, y muchos de ellos habitan en el reino de los insectos. Especies como la mosca abeja o la araña hormiga son expertos en el arte del engaño, ya que explotan su capacidad para confundir tanto a depredadores como a presas, habilidades que no tienen nada que envidiar a las técnicas de John Travolta en Cara a Cara o a las de Arya Stark en Juego de tronos. Sin embargo, nunca antes se había observado una mosca azul capaz de infiltrarse entre las termitas.
Ahora, por primera vez, un estudio internacional liderado por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE), un centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Pompeu Fabra (UPF), en colaboración con el Instituto Botánico de Barcelona (IBB, CSIC-CMCNB), ha descubierto una especie de mosca azul, de la familia de los califóridos, cuyas larvas logran formar parte de las colonias de termitas cosechadoras.
Publicado en Current Biology, el hallazgo se produjo en la cordillera del Anti-Atlas, en el sur de Marruecos, y revela adaptaciones morfológicas y químicas inéditas. Esta investigación proporciona una nueva perspectiva sobre la evolución de las moscas y las adaptaciones de especies que interactúan con las termitas.
Un disfraz para colarse en los termiteros
«Fue un hallazgo completamente fortuito. En nuestro grupo de investigación nos dedicamos principalmente al estudio de mariposas y hormigas. Como había llovido mucho y las mariposas no volaban, decidimos centrarnos en las hormigas —recuerda Roger Vila, investigador del IBE y líder del estudio, en un comunicado del IBE. Y añade—: Al levantar una piedra, descubrimos un termitero con tres larvas de mosca que nunca habíamos visto antes. Probablemente, el agua había inundado las capas más profundas del nido, lo que provocó que las larvas emergieran a la superficie».
En palabras de Vila, debemos estar ante una especie de díptero muy rara, porque él y sus colegas realizaron tres expediciones adicionales a esa zona y, a pesar de levantar cientos de piedras, solo encontraron dos moscas más, y fue en otro termitero.
El equipo de Vila ha descrito con detalle las adaptaciones morfológicas de esta especie de mosca azul. En particular, las larvas de este califórido han desarrollado un disfraz único que les permite infiltrarse en los termiteros.
Una máscara con antenas, palpos y ojos falsos
En la parte posterior de su cuerpo, la larva muestra una máscara de termita: hablamos de una cabeza no funcional, con antenas y palpos de un tamaño similar al de una gran termita cosechadora. Además, presenta dos ojos falsos que, en realidad, son los orificios respiratorios de la larva.
“«La mayoría de las termitas viven a varios metros de profundidad y no tienen percepción visual — explica Vila—. Sin embargo, las termitas cosechadoras, que salen al atardecer para recolectar hierba, tienen ojos funcionales, los cuales la larva logra imitar con sus espiráculos».
Además, las larvas cuentan con unos inusuales tentáculos que rodean su cuerpo y que imitan con gran precisión las antenas de las termitas. Este detalle ha sido confirmado mediante microscopía electrónica de barrido. Los numerosos tentáculos permiten a las larvas mantener una comunicación simultánea con varias termitas.
En el laboratorio, los biólogos observaron una posible alimentación boca a boca (trofalaxis) entre las termitas cosechadoras y la larva de mosca azul. Crédito: Vlad Dinca.
Las larvas han logrado imitar el «perfume» de las termitas
En el nido, todo está en completa oscuridad, por lo que las termitas se reconocen entre sí gracias a sus antenas, con las que detectan tanto la forma como el olor de sus compañeras. Todos los miembros del nido comparten un mismo aroma, y las termitas soldados atacan a cualquier intruso que no pertenezca a su colonia. Sin embargo, las larvas de esta mosca han logrado imitar a la perfección el aroma distintivo de las termitas de la colonia en la que viven.
«El análisis químico de estas larvas ha revelado algo sorprendente: no se puede distinguir su olor del de las termitas de la colonia en la que habitan; huelen exactamente igual —dice Vila. Y añade—: Además, cada colonia tiene ligeras diferencias en su perfil químico, lo que les permite identificarse entre sí».
En palabras de este biólogo, «ste olor es crucial para la interacción social de las termitas y es el disfraz químico que permite a las larvas integrarse sin ser detectadas».
Un trato muy especial
Cuando el equipo encontró las larvas en Marruecos, estas ocupaban las cámaras de comida del termitero. Al llevarlas al laboratorio, los biólogos observaron que las larvas se ubicaban en las zonas más densamente pobladas del nido, donde recibían atención constante por parte de las termitas, que las acicalaban con sus piezas bucales.
Aunque el equipo no pudo determinar su dieta, observó comportamientos que recuerdan a la trofalaxis: las termitas parecían transmitirles alimentos de boca a boca. «La larva no solo es tolerada, sino que mantiene una constante comunicación con las termitas mediante contacto con sus tentáculos, que imitan las antenas. Incluso parece que las alimentan, aunque esto aún no ha podido ser confirmado», detalla Vila.
La relación entre las larvas de mosca azul y las termitas parece ser un caso de parasitismo social o simbiosis. Un caso similar se observa en las moscas jorobadas, donde son los adultos, y no las larvas, los que imitan a las termitas; representa un fenómeno evolutivo independiente conocido como termitofilia, o sea, relación con las termitas.
Ejemplar de mosca de la especie Rhyncomya cyanescens, el mismo género al que pertenece la mosca azul hallada en los termiteros de Marruecos. Cortesía: Слободан Стевчић
Un nuevo caso de evolución hacia la integración social
«El ancestro común de las moscas azules y las jorobadas existió hace más de 150 millones de años, mucho antes de lo que separa a los seres humanos de los ratones. Por lo tanto, podemos decir que hemos descubierto un nuevo caso de evolución hacia la integración social», explica Vila.
El equipo ha demostrado, mediante estudios filogenómicos, que la mosca descubierta pertenece al género Rhyncomya. Dado que ninguna de las especies conocidas de este género presenta una morfología ni un modo de vida tan singular, el estudio sugiere que esta nueva especie ha evolucionado de manera extremadamente rápida.
«Este hallazgo nos lleva a replantearnos los límites y el potencial de las relaciones simbióticas y el parasitismo social en la naturaleza. Pero, sobre todo, nos recuerda lo mucho que aún desconocemos sobre la vastísima diversidad y especialización de los insectos, organismos esenciales para los ecosistemas», comenta Vila.
El equipo subraya lo difícil que resultó mantener estos insectos en el laboratorio, ya que requerían condiciones muy específicas para replicar el ambiente natural de las termitas del desierto. «Las larvas estudiadas no alcanzaron la metamorfosis, lo que indica que existen elementos del nido y de la relación simbiótica entre termitas y moscas que no hemos podido trasladar al laboratorio. Su dieta sigue siendo desconocida y su forma adulta sigue siendo un misterio», concluye Vila. ▪️
Información facilitada por el Instituto de Biología Evolutiva
Fuente: Schär S, Talavera G, Dapporto L et al. Blow fly larvae socially integrate termite nests through morphological and chemical mimicry. Current Biology (2024). DOI: https://doi.org/10.1016/j.cub.2025.01.007