¿Cómo logran los monos reconocer tan rápidamente a las serpientes?

Los primates tienen una habilidad innata para detectar a las serpientes con una rapidez sorprendente, y ahora sabemos por qué. La clave está en las escamas de los ofidios, afirma un estudio.

Por Enrique Coperías

Las escamas actúan como una señal de alerta supereficaz de la presencia de una serpiente. Imagen generada con Copilot

Las escamas actúan como una señal de alerta supereficaz de la presencia de una serpiente. Imagen generada con Copilot

El profesor Nobuyuki Kawai, de la Universidad de Nagoya (Japón), ha descubierto que la capacidad de los monos para detectar rápidamente a las serpientes se basa en un rasgo visual específico: sus escamas. Este descubrimiento pone de manifiesto una adaptación evolutiva en los primates para reconocer amenazas a partir de características visuales distintivas.

Comprender estos mecanismos aporta información valiosa sobre la evolución del procesamiento visual enfocado en la detección de peligros, según detalla el estudio publicado en Scientific Reports.

La detección rápida de amenazas ha sido crucial para la supervivencia de los primates desde los albores de su evolución, ya que las serpientes representaban un peligro mortal. Este temor parece estar profundamente arraigado: incluso los monos y los bebés humanos reaccionan instintivamente ante imágenes de serpientes, sin necesidad de haberlas encontrado previamente. Esto refuerza la idea de que el miedo a estas criaturas es innato.

El miedo a las serpientes, conocido como ofidiofobia, es uno de los temores más comunes y antiguos en los seres humanos. La ciencia sugiere que este temor tiene raíces evolutivas profundas y está relacionado con la supervivencia.

Un miedo que viene de lejos

Nuestros ancestros primitivos, que vivían en entornos naturales, se enfrentaron a la amenaza real de la presencia en serpientes venenosas, cuyo ataque podía ser letal. Por ello, desarrollar una aversión o respuesta de miedo hacia estos reptiles pudo haber sido adaptativo, ya que aumentaba las posibilidades de supervivencia al evitarlas o reaccionar rápidamente ante su presencia.

Estudios en psicología y neurociencia han demostrado que el miedo a las serpientes puede activarse incluso sin experiencias previas negativas con estos animales. Investigaciones con niños pequeños, que aún no han aprendido culturalmente a temer a los ofidios, han revelado que tienden a prestar más atención a las imágenes de serpientes que a otros estímulos visuales.

En experimentos controlados, por ejemplo, los investigadores han mostrado a los participantes imágenes de serpientes junto con otros estímulos, como flores, aves o figuras geométricas, y han observado que las personas tienden a detectar las serpientes mucho más rápido.

Un fenómeno llamado «sesgo atencional hacia las serpientes»

Este fenómeno, conocido como sesgo atencional hacia las serpientes, se produce incluso cuando el ofidio está parcialmente oculto o mezclado en un fondo visual complejo. Este sesgo se ha observado no solo en adultos, sino también en niños pequeños y en primates no humanos, lo que sugiere una base evolutiva compartida.

El procesamiento del miedo a las serpientes parece involucrar a estructuras cerebrales como la amígdala, una región clave para la detección de amenazas. Estudios con imágenes de resonancia magnética funcional han demostrado que la amígdala se activa rápidamente ante la visión de serpientes, incluso cuando no se perciben como un peligro directo.

Así pues, detectar de forma rápida la presencia de una serpiente venenosa puede ser cuestión de vida o muerte. Y es lo lo saben bien los primates que viven en entornos salvajes. Pero ¿cómo logran ser tan buenos en esta tarea?

El miedo a las serpientes u ofidiofobia es innato y obedece a estrategias evolutivas de supervivencia.

El miedo a las serpientes u ofidiofobia es innato y obedece a estrategias evolutivas de supervivencia. Cortesías: Yan Cabrera

Salamandras con piel de serpiente

Para tratar de resolver este enigma, el profesor Kawai observó en un primer experimento que los monos respondían inmediatamente a imágenes de serpientes, pero no a las de salamandras, lo que apuntaba a un mi miedo específico. Intrigado, decidió modificar imágenes de salamandras añadiéndoles piel de serpiente, dejando el resto de la imagen intacto.

Esto le permitió explorar una pregunta clave: ¿es la textura de la piel suficiente para desencadenar una reacción o los monos diferenciarían a la inofensiva salamandra disfrazada de serpiente?

Para investigar esta cuestión, Kawai diseñó un segundo experimento en el que presentó a monos, sin experiencia previa con serpientes reales, una tabla con nueve imágenes. Los animales fueron entrenados para identificar la imagen diferente y recibir una recompensa.

Cuando se les mostraba una serpiente entre un grupo de salamandras, los monos respondían más rápido al localizar la serpiente en comparación con identificar una salamandra en un grupo de serpientes. Este resultado sugiere una respuesta inmediata y específica hacia el reptil potencialmente peligroso.

Los monos mostraron una respuesta inmediata a las imágenes de serpientes y salamandras con piel de serpiente, pero no a las imágenes de salamandras sin escamas.

Los monos mostraron una respuesta inmediata a las imágenes de serpientes y salamandras con piel de serpiente, pero no a las imágenes de salamandras sin escamas. Crédito: Reiko Matsushita

Sin embargo, al mostrar imágenes editadas de salamandras con piel de serpiente, los monos reaccionaron igual de rápido, o incluso más rápido, que frente a una serpiente real.

«Sabíamos que tanto humanos como primates reconocen serpientes con rapidez, pero hasta ahora no habíamos identificado la característica visual clave —explica el profesor Kawai en una nota de prensa de la Universidad de Nagoya. Y añade: Los monos no mostraban respuestas rápidas hacia las salamandras, a pesar de su cuerpo alargado y cola similares a los de las serpientes, hasta que sus imágenes fueron modificadas para incluir escamas de serpiente».

Cómo la evolución moldeó la percepción visual de los primates

Este hallazgo sugiere que las escamas son un factor visual crítico que los monos perciben como amenazante.

Kawai planteó que esta respuesta podría ser el resultado de un sistema visual desarrollado por los primates durante la evolución para identificar las escamas como un rasgo distintivo de las serpientes.

«Estos resultados nos ayudan a entender mejor cómo la evolución moldeó la percepción visual en los primates, y tienen implicaciones importantes para comprender la evolución del cerebro y la visión en los animales, incluidos los humanos", concluye el profesor Kawai. ▪️

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